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Expediciones Antárticas (La última frontera 2)

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Qué es aquello tan poderoso que hace al hombre mover cielo y tierra, atravesar mares bravíos y tormentas furiosas para llegar a su Ithaca?

Cuál es esa fuerza curiosa del  explorador, que necesita como algo vital, llegar más y más lejos? Qué busca el montañés al derribar cumbre tras cumbre? Qué busca el navegante que no duda en afrontar mares adversos para llegar al destino soñado? Qué es lo que hay en el fin del mundo?

Con miras a mi próxima navegación hacia la Antártida, me dispuse a buscar información que me ayude a formar una sólida idea de cómo serán las condiciones por aquellas latitudes, con qué dificultades nos encontraremos y todo aquello que me permita estar a la altura de las circunstancias. Demás está decir que será un sueño hecho realidad, aunque sé que no estará excento de sorpresas y aventuras…, tal como me gusta!!!

Por lo dicho, comencé a comprar y leer ferozmente toda clase de libros y publicaciones al respecto. Como no podía ser de otra manera el primer libro que re-leí, ya que lo había hecho por primera vez hace unos siete años, fue Antarktikos, de Hernan Alvarez Forn.

Hormiga Negra como se lo conoce en el ambiente náutico, logró la hazaña de llegar al continente blanco junto con su tripulación en 1987, en una embarcación de 8,80 metros, convirtiéndose en el primer velero argentino en lograrlo. El velero se llamó Pequod, modelo Van de Stadt y de acero, como el Ithaca, aunque más pequeño. Un libro muy interesante y ameno, con muchas descripciones y un relato simpático que te hace reír y emocionar en más de una ocasión.

Quién descubrió la Antártida?

Aunque parezca mentira, todavía hoy se discute quién descubrió la Antártida. He encontrado mucha bibliografía y discusiones. Algunos mencionan al español Gabriel de Castilla como el primero que la avistó a principios del siglo XVII, según cuentan algunos registros de su tripulación, pero no del propio capitán.

Otros autores le atribuyen el primer avistaje al marino holandés Dirk Gerritsz, que había encontrado las islas Shetland el Sur, al ser desviado por una tormenta después de pasar por el Estrecho de Magallanes.

Algunos creen que fue Fabian Gottlieb von Bellingshausen (1778-1852), navegante ruso, quien lo hizo a bordo del Vostok, mientras cruzaba el sur del Atlántico desde Río de Janeiro en dirección a Australia al frente de una expedición científica bajo las órdenes del Zar Alejandro Primero.

Pero la humanidad tomaría cuenta del hallazgo recién un siglo mas tarde, cuando se realizó la traducción de los libros de bitácora de los viajes de Bellingshausen, y se pudo establecer que en efecto fue el primero en descubrir el continente antártico, precisamente un 27 de enero de 1820, siendo el inglés, Edward Bransfield, el segundo en hacerlo.

Hasta el año 1911 ningún humano había llegado al punto sur más extremo. El noruego Ronald Amundsen fue el primero en llegar al tan mentado Polo Sur, el 1 de Diciembre de 1911, un mes antes que su más feroz competidor, Robert Falcon Scott.

Una anécdota simpática de aquella época la relata el francés Julio D`Urville, quien “en diciembre atravesó el Estrecho de Magallanes y en enero se dirigió al sur de la costa de Tierra del Fuego. El capitán Dumont D’Urville encontró a su paso por Puerto de Hambre un barrilito suspendido de un árbol con un letrero que decía “Post Office”. El lo mejora colgándolo en un poste en lo alto de la Punta Santa Ana y deja correspondencia para su familia, avisando que se dirige a los hielos antárticos. Sus cartas llegaron a Francia antes que él. Esta historia llamó la atención de Julio Verne, quién la utilizaría después en una de sus célebres novelas”. (1).


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