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Cruce del Océano Atlántico Norte

Miryam (derecha) y yo en el Ithaca, en Azores. Miryam (derecha) y yo en el Ithaca, en Azores.

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Ballena a babor

Otra vez, estaba yo terminando mi guardia, casi amanecía, percibí algo con el rabillo del ojo y le digo a Miryam:

- “Mirá, un delfín!”.

Pero rápidamente caí en la cuenta que lo que había visto era mas grande que el lomo de un delfín y que los delfines no andan solos, sino en grupo. Miryam se asomó y volvió a entrar. A los pocos segundos veo aparecer a babor, por nuestra popa, el lomo completo de una ballena, a solo 10 metros del barco!
Me quedé helada!!! Y le grité a Miryam:

-“No es un delfín, es una ballena!” .

Miryam salió como tiro y nos quedamos esperando la nueva salida. Nada sucedía…, al ratito la vimos pero solo parte del lomo, por estribor a popa. Largos minutos pasaron, o lo que nosotras pensamos que fueron muchos minutos.
Prácticamente conteníamos la respiración. No sabíamos que esperar de la ballena. Para mas Miryam me había contado el día anterior que en Australia una ballena saltó y cayó de pleno en el medio de un velero. Por supuesto el barco se hundió. Fue suficiente para mí…, no quería ver ballenas cerca…

Al rato la ballena volvió a salir pero esta vez a sólo cuatro metros a proa y estribor. La vimos completa; salió y de a poco fue descubriendo la cabeza, el lomo y la cola, mientras se hundía justo en nuestra proa. Calculamos que sería grande como el Ithaca.

Nos quedamos las dos muertas de miedo. Atinamos a aminorar la marcha, no sabíamos qué hacer, no queríamos golpearla, era obvio que la ballena calculaba sus movimientos, pero en ese momento la adrenalina corre.

Recordamos muy bien cómo nos quedamos las dos paradas en el cockpit agarradas a la chubasquera, esperando el golpe… Nos quedamos así un buen tiempo, pero la ballena no volvió a salir. Fue un susto y una gran emoción, con una maravillosa visión a la vez.

Dos horas después, sin habernos repuesto todavía, Miryam vio cómo una ballena comenzó a saltar y dar volteretas, una milla a popa del Ithaca. Luego descubrimos que estaba acompañada por dos ballenatos … y saltaban!! Impresionante.

Se quedaron allí durante horas…, saltando y bailando. Al menos así nos lo pareció. Tendremos que leer sobre el comportamiento de las ballenas para no temerles y comprender su lenguaje.

Nos propusimos llevar siempre puestos los arneses de seguridad, los que también incluían el salvavidas auto-inflable Los llevábamos puestos en todo momento que estábamos en cubierta. Salvo cuando el viento bajaba de los 10 nudos y estábamos las dos despiertas y a la vista.
Sino la obligación y sentido común nos decían que debíamos usarlos. Hacíamos guardias de dos horas por dos horas de descanso, eso significaba que si la que estaba haciendo guardia caía al agua por algún motivo, sería muy difícil que la otra la pudiera ayudar ya que estaría durmiendo y peor aún si el motor estuviera encendido. Nada se escucharía en absoluto. La sola imaginación de despertarse y encontrarse sola abordo daba escalofríos. Era inimaginable…


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