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Cruce del Océano Atlántico Norte

Miryam (derecha) y yo en el Ithaca, en Azores. Miryam (derecha) y yo en el Ithaca, en Azores.

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Travesuras marinas

Cierto día Miryam ve por popa un pez grande, de 1,20 metros que se acercaba peligrosamente a nuestro timón de viento. El pez se quedó horas en la popa jugando con nuestro timón, pero el juego se hacía cada vez más agresivo. El pez embestía la pala de un lado y otro con tal fuerza que tenía pintura de la pala en su lomo. Temimos que dañara el timón por lo que intentamos varias maniobras disuasivas que no dieron resultado. Hasta que ya cansadas y preocupadas por el timón, resolvimos darle un golpe con un remo. Surtió efecto porque el pez se fue inmediatamente. Aunque regreso a la mañana siguiente. Otro golpe…, y no lo volvimos a ver. Misión cumplida!

Rafael, nuestro contacto radial diario, de la Rueda de Los Navegantes, nos anunció otra baja. Esta vez se interponía entre nosotras y Azores. Ibamos directo hacia ella pero por su extremo sur. El viento no nos daba para tomar otro rumbo. Si cruzábamos la baja por el medio, podría ser que tengamos fuertes vientos pero por poco tiempo y al salir de la baja tendríamos viento a favor hasta Azores.
Si la pasábamos por debajo, tendríamos siempre viento en contra hasta pasarla.

Nuestro caso no fue ni uno ni otro. Al no contar con el yanqui nuestra velocidad era menor por lo que no pudimos apurarnos más de lo que lo hicimos…
Nunca pudimos pasar la baja, por eso siempre tuvimos viento en contra hasta llegar a Azores.

La baja nos encontró y el primer día tuvimos 40 nudos de viento. Era lo más que habíamos pasado hasta ese momento. Las olas crecían y el espectáculo fuera de la cabina del Ithaca era increíble.

El radar ya no era confiable, con olas tan grandes no llegaba a tomar bien los barcos, que aparecían y desaparecían entre las olas igual que el Ithaca. Un buque nos pasó realmente muy cerca. Lo vimos cuando estaba prácticamente sobre nosotras. Lo llamamos por radio para decirle nuestra posición y rumbo y nos contestó que aún con los datos que le pasamos no podía vernos en el radar o por la escotilla. Recién cuando lo tuvimos de través pudo divisarnos y nos lo comunicó.

Este buque nos pasó la meteo (pronósticos), como tantos otros con los que nos cruzamos. Siempre preguntaban si necesitábamos algo, muy amables y luego nos daban la meteo. Pero la de ese buque no era alentadora. La baja se intensificaba y el viento sería aún más fuerte con olas mas altas todavía.
El pronóstico se cumplió al día siguiente…


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