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Cruce del Océano Atlántico Norte

Miryam (derecha) y yo en el Ithaca, en Azores. Miryam (derecha) y yo en el Ithaca, en Azores.

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En medio de la tormenta

Tuvimos viento de 45 nudos con rachas de 50. El timón de viento iba al mando del Ithaca. Las dos permanecimos refugiadas en el interior del barco, mirando por las ventanas un maravilloso espectáculo de furia en la naturaleza.

Las olas superaban los 7 u 8 metros, cuando el Ithaca estaba en la cresta de la ola, veíamos a estribor un precipicio indescriptible y rogábamos que el Ithaquita no resbalara por él. Así cada vez…, y el Ithaca siempre se mantenía sobre la cresta…., grande Ithaquitaaaaaaaaaaa!!!!

La tensión abordo se sentía. Nos mirábamos y mirábamos la fuerza del mar y el viento, pero ninguna de las dos decía nada, no era preciso. Ya habíamos pasado otras veces por situaciones semejantes pero en otros ámbitos y bastaba sólo mirarnos para entender por lo que estaba pasando la otra. Estábamos con todos los sentidos puestos en el menor detalle. Cada una sopesando la resistencia de los materiales, pensando qué haríamos primero y qué
después de ocurrir una fatalidad, pensando qué hicimos bien y qué nos olvidamos de hacer…, y luego esperar…., esperar a que pase la tormenta….

Y las tormentas siempre pasan…., el tema es resistir (una vez más), psicológicamente, porque está claro que los barcos no se hunden solos. Quienes los hunden son los capitanes al tomar decisiones desacertadas.

Y al día siguiente todo se ve distinto, y una es más feliz porque pasó lo peor y se promete no volver a pasar por una situación así nuevamente, y nos decimos que debemos dedicarnos a otra cosa…

Y así fue: a la mañana siguiente el sol salió…, con sus destellos rojizos tiñó el mar, el cielo. El mismo mar que siguía movido, con olas de cuatro metros, y con viento de 30 nudos que nos parecían una bendición. Días antes sufrimos los treinta nudos como si fuese la gran tormenta!!!

Una se acostumbra a todo y cuando ve que sale airosa de esas situaciones la sensación de gratitud, de comunión con la naturaleza, de organismo que forma parte minúscula de este universo es indescriptible. Y pensamos: “El mar nos ha dejado pasar…, tratemos de no equivocarnos en las decisiones…”

Pero el día es tan lindo…, y el mar ahora más calmo parece como si respirase con esa ondulación que sube y baja acompasada. Los delfines juegan en la proa del Ithaca. La vida submarina es increíble en su inmensidad. No podemos ver otra cosa que mar en los 360 grados. El cielo azul…, el sol que nos acaricia..., el aire cálido…, el gusto a sal en los labios…, nuestros rostros morenos…, VAMOS ITHAQUITA QUE FALTA MENOS Y HAY TANTO POR RECORRER TODAVIA!!!!


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