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Cruce del Océano Atlántico Norte

Miryam (derecha) y yo en el Ithaca, en Azores. Miryam (derecha) y yo en el Ithaca, en Azores.

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No podíamos imaginar, mientras caminábamos por aquella isla tropical, lo que nos depararía el viaje que estábamos prontas a iniciar

Llegadas a Saint Martin, en pleno corazón del Caribe, paseamos un poco y a cada rato debíamos recordarnos

(Miryam y yo), que íbamos a emprender el recorrido más largo e importante que habíamos realizado hasta ahora: nada menos que el cruce del Océano Atlántico Norte. (Agosto de 2006).

Andábamos por las calles de la isla y no podíamos caer en la cuenta de lo que sería aquello. Y así salimos, con la sensación de no haber caído en la cuenta…, con la sensación de que sería una travesía de una semana, aunque la razón nos indicaba otra cosa…
Habíamos decidido no ir a las islas Bermudas, sino realizar la ruta directa a Azores. Esto tenía algo a favor y algo en contra.

Yendo por Bermudas, dividiríamos el viaje en dos etapas, pudiendo solucionar cualquier problema que se presentase allí mismo y reabastecernos; pero por otro lado, deberíamos subir mucho de latitud y por allí la posibilidad de tormentas y vientos fuertes es casi constante.
Por la ruta directa, deberíamos tener menos vientos fuertes tormentosos y, en cambio, eran previsibles muchas calmas.
Preferíamos este camino porque debíamos adaptarnos a la navegación, antes de que comenzara el mal tiempo. Es tonto pretender hacer un cruce de este tipo y no pensar que encontraremos mal tiempo.

En Puerto La Cruz, Venezuela, cargué 520 litros de gasoil, en los tanques y en sendos bidones que instalé en la cubierta sobre ambas bandas. El combustible y la cerveza en Venezuela son mas barato que el agua. 60 litros de gasoil cuesta tan solo un dólar. Creo que lo cobran para no regalarlo…

Los primeros días de navegación fueron muy lindos. Viento de no más de 10 nudos, mucho sol, poca mar y muchas veces tuvimos que prender el motor para avanzar. Al ir alejándonos del Caribe el viento comenzó a soplar un poco más. Los delfines jugaban en la proa del Ithaca y hasta hemos podido escuchar cómo se comunican entre ellos.

Un día estábamos conversando dentro del barco y comenzamos a sentir un ruido. Vamos siempre muy atentas a los nuevos ruidos, porque ellos representan el lenguaje del Ithaquita cuando nos quiere decir algo.
Nos preguntamos qué podía ser y no encontrábamos el motivo, se repetía insistentemente. Salí al exterior, fui hacia la proa, de allí venía el sonido y grande fue mi sorpresa cuando observé a una veintena de delfines jugueteando alrededor del Ithaca. Llamé a Miryam y pudimos ser testigos de ese diálogo marino que se estaba entablando en torno nuestro. Habíamos visto muchos delfines pero era la primera vez que los escuchábamos y tan nítidamente.

La conversación quedó registrada en nuestra filmadora, tan claro era el sonido!!!


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