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Longitud - La verdadera historia

Como navegantes estamos acostumbrados a obtener nuestra posición a través de la latitud y longitud. Coordenadas que inmediatamente nos ubican en un punto determinado del planeta.

Sólo hace falta apretar un botón para prender el GPS, plotter, teléfono móvil o satelital, o cualquier dispositivo de ubicación personal, para adquirir como por arte de magia la combinación de números que nos permitirán navegar con tranquilidad, o llegar a nuestro destino sin mayores complicaciones. Es tan fácil que lo asumimos ad hoc..., pero no siempre fue así...

Los meridianos y paralelos cruzan el globo terráqueo dividiéndolo para de esta manera poder situarnos con mayor facilidad. Los meridianos son las líneas que cortan un mapamundi de norte a sur, formando una especie de gajos de naranja, uniéndose en los polos, y obteniendo su mayorLínea visual del Meridiano de Greenwich en Londres. distancia  en el Ecuador: 15 grados.

Líneas de latitud y longitud comenzaron a cruzar el globo terráqueo por lo menos tres centurias antes del nacimiento de Cristo. En el 150 A.C. el astrónomo Ptolomeo marcó las líneas en su primer Atlas del Mundo.

Un error común en tiempos de Ptolomeo era la creencia de que cualquiera que viviera debajo de la línea del Ecuador se derretiría por el tremendo calor.

El sol, la luna y los planetas pasan directamente sobre el paralelo Ecuador. Por lo tanto Ptolomeo eligió al Ecuador como paralelo cero. Una medida dictada por las leyes de la naturaleza. Sin embargo, el astrónomo podía ubicar el meridiano cero en cualquier lugar donde quisiese, ya que esas líneas recorren el globo de polo a polo formando anillos idénticos.

Él eligió posicionarlo sobre las islas Fortuna, hoy llamadas Canarias y Madeira. Otros cartógrafos han movido el meridiano a las islas Azores, Cabo Verde, Roma, Copenhaguen, Jerusalén, San Petersburgo, Pisa, París y Filadelfia, entre otros lugares, antes de que se asentara en Londres definitivamente. El lugar donde se ubica el primer meridiano es sólo una cuestión política, por tal motivo cualquiera puede ser el meridiano cero.

Esta diferencia hace que hallar la latitud es casi un juego de niños. Cualquier marino que se precie de tal sabe cómo dilucidar la latitud a través del día por la posición del sol, o por la ubicación de estrellas sobre el horizonte.

Cristóbal Colón siguió una ruta derecha sobre el paralelo en su viaje al nuevo mundo, en 1492.

La longitud está regida por el tiempo. Para conocer la longitud donde uno está parado, o navegando, uno necesita saber la hora exacta a bordo  del barco y la hora de algún otro lugar pero con conocimiento de su longitud, en ese exacto momento.

Luego, a través de un cálculo, esas dos tomas horarias permitirán al navegante convertir las horas en una diferencia geográfica.

Como la tierra toma 24 horas para completar una revolución completa de 360 grados, una hora marcará 1/24 de movimiento, o lo que es lo mismo 15 grados de distancia.

Por lo tanto cada hora de diferencia entre el punto donde se encuentra el barco y el punto cuya longitud conocemos en tierra, nos estará marcando que el barco estará 15 grados más alejado hacia el E o hacia el W, que no es ni más ni menos que la distancia navegada.

Pero aquí se nos presenta otro problema. No es lo mismo tomar la distancia entre meridiano y meridiano en el Ecuador, que cerca de los polos. Un grado medido en el Ecuador, representa 68 millas, pero tomado cerca de los polos se achica a casi nada.

En estos tiempos modernos saber con certeza la hora exacta de dos lugares determinados es tan fácil como mirar el reloj en nuestra muñeca. Cualquier reloj digital, por más barato que sea nos podrá dar la información.

Hallar una solución a este problema tomó un aspecto mítico, comparable a hallar el elixir de la juventud o la fórmula para convertir plomo en oro. Los gobiernos de las grandes naciones marítimas, incluidas España, Inglaterra y Holanda, ofrecían periódicamente recompensas para quien hallase la respuesta. El rey Felipe III de España ofreció en 1598, una pensión vitalicia para quien encontrara la respuesta. La misma se establecía en lo que hoy serían 400.000 dólares por año, de por vida.

Galileo - El Celatone

Para la época de Galileo, el problema de la longitud había sido una constante por 1500 años, desde que los griegos propusieron añadir una grilla con latitudes y longitudes para facilitar la ubicación.

Los astrónomos hallaron que se podía determinar la latitud utilizando la altura del sol al Ecuador como estándar. Tablas con la altura del sol, para cada día del año, fueron creadas. Cuando se compara la altura del sol que acabamos de tomar con la altura que figura en la tabla, se puede determinar que tan al norte o al sur estamos comparándolo con nuestra ubicación por arriba o debajo del estándar del sol

Galileo no era marino, pero sabía del premio Longitud, así como todo académico de la época.

Durante varios años observó pacientemente las lunas de Júpiter (cuatro),  calculando la órbita de cada una y contando cuántas veces desaparecen los cuerpos detrás de la sombra del anillo. Luego con esos datos Galileo dedujo un sistema para lograr la longitud. Eclipses de las lunas de Júpiter ocurren 1000 veces al año y son tan predecibles que uno podría setear un reloj guiándose de esos eclipses. Usó estas observaciones para crear tablas de cada satélite, apariciones y desapariciones de los mismos para varios meses.

Luego escribió al rey de España para reclamar su premio y presentó su invento: el Celatone. La invención de Galileo se trataba de un casco de bronce, con un telescopio incorporado al mismo sobre uno de los agujeros para los ojos. Con el ojo que miraba a través del agujero desnudo, Galileo dedujo que se podría mirar y encontrar la luz constante de Júpiter, mientras que con el otro ojo y a través del telescopio se podría observar las lunas de ese planeta.

El invento fue rechazado, ya que tomaron en cuenta que los marinos eran rudos hombres que no tendrían el cuidado necesario para no dañar el celatone o hacer los cálculos necesarios.

Galileo pensó que toda esa parafernalia, los tomos de cálculos, la compleja plataforma para estabilizar y el celatone serviría para solucionar el problema de la longitud en el mar, pero no fue así. El mismo sería resuelto por John Harrison, más de cien años después de su muerte.

Una solución para este problema

Por la falta de un método exacto para tomar la longitud todo capitán de la época, que se precie de tal, se ha perdido y ha llegado a destino gracias a la buena suerte. Desde Vasco da Gama a Núñez de Balboa, de Ferdinand Magellan a Francis Drake.

La invención de un reloj, incluidos los de péndulo, que pudiera no ser alterado por las diferencias en temperaturas, rolidos del barco, cambios de presión barométrica, etc., fue algo que no obtuvo respuesta a lo largo de 400 años!!! Europa estaba decidida a encontrar la solución, las cabezas mas pensantes se ocupaban del tema, sin embargo los años pasaban y la solución no aparecía.

En la búsqueda de un método que permitiera tomar los dos puntos horarios a la misma vez, también se han realizado diferentes descubrimientos, como la velocidad de la luz, el peso real de la tierra, la distancia de las estrellas, etc.

El 22 de Octubre de 1707 tres buques de guerra ingleses encallaron en las islas Scilly, miles de hombres perdieron sus vidas. Fue un hecho lamentable y vergonzoso para los ingleses. En un sólo acto perdieron su honra como marinos, fallecieron miles de soldados y se hundieron tres buques.

Fue el Parlamento inglés quien ofreció la mayor recompensa en su ya famosa Acta Longitud de 1714, el equivalente a varios millones de libras hoy en día, por una solución práctica y útil para determinar la longitud.

 

John Harrison - el Cronómetro

El relojero inglés John Harrison dedicó su vida a tratar de solucionar el problema de la longitud creando un dispositivo que fuera portátil y fácil de reproducir. Algo que el mismo Newton había pensado que era imposible. Harrison inventó un reloj portable que podía llevar la hora verdadera desde un puerto base, como una llama eterna, a cualquier rincón del planeta.

John Harrison, un hombre sin educación formal, construyó una serie de relojes (H1, H2, H3, H4, H5), libre de fricción en su mecanismo, que no requería de lubricación o limpieza. Combinó diferentes metales para evitar que con el tiempo las piezas se oxiden, utilizando incluso madera para fabricar los engranajes.

Fue tan meticuloso su trabajo que cuando en alguno de sus relojes de péndulo una pieza se expandía por el calor, otra pieza (su opuesta) se contraía al estar diseñada con un material diferente. Logrando de esta manera que sus relojes no sufrieran ningún tipo de variación con la temperatura reinante según la zona donde el barco estuviera navegando.

A pesar de su genialidad, la sociedad de elite inglesa, los astrónomos sobre todo, trataron de hacer lo imposible para que Harrison no pudiera reclamar el tan preciado premio. Cambiaban las reglas del concurso según más les convenía y encontraban siempre algún impedimento para que Harrison sea privado del pecio.

Al final, la gran invención de Harrison triunfó luego de que el rey George III lo tomara bajo su ala y le diera una oportunidad de mostrar al mundo sus inventos. El capitán James Cook hizo dos viajes para probar los nuevos artefactos. En su segunda navegación de prueba llevó a bordo el H4, pero éste no era fácil de reproducir. El parlamento inglés quería un objeto que se pudiera fabricar en masa y que fuera barato.

Mientras el H4 se podía reproducir por 500 libras (una fortuna en aquel entonces), los marinos podían comprar un sextante y las tablas por sólo 20 libras. Debían hallar una solución, y ésta vino de la mano de H5.

En 1773, un ya cansado y viejo Harrison logró reclamar su premio, después de 40 años de dificultosos tejes y manejes políticos, avances tecnológicos y espías institucionales internacionales.

Los modelos H1, H2 y H3 en el Observatorio asatronómico de Greenwich

El Premio Longitud hoy...

Hace sólo un par de meses el espíritu del premio Longitud volvió a tomar impulso en la comunidad inglesa. Después de 300 años del premio original, el Comité Longitud lanzó el nuevo desafío, esta vez se premiará las soluciones a seis problemas:

1 - Agua, cómo asegurar que cada habitante tenga acceso al agua potable.

2 - Antibióticos: una solución para la resistencia a los antibióticos, que quedarán obsoletos si no se prevé de antemano.

3 - Parálisis: cómo restaurar la movilidad en los pacientes paralíticos.

4 - Demencia: Cómo ayudar a personas con demencia a vivir una vida independiente y prolongada.

5 - Vuelos: cómo continuar con los vuelos comerciales sin dañar el medio ambiente.

6- Alimentos: cómo alimentar a todos y cada uno de los habitantes del planeta.

El premio? 10 millones de libras esterlinas..., pero esta vez habrá un límite de tiempo, se deberá resolver cada problema dentro de cinco años.

Querés participar? Cliquéa en este link y obtendrás toda la información del nuevo PREMIO LONGITUD 2014

Deseo fervientemente que se encuentre una solución para todos y cada uno de los problemas presentados.


Texto, traducción y fotos en Greenwich: Patricia Brizuela

Nota publicada en la revista Timoneles - Julio 2014

 

Bibliografía:

Este artículo está basado en la información brndada en el libro: Longitude de Dava Sobel.

www.medium.com: The Celatone: Galileo’s Forgotten Failure

www.longitudeprize.org

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